Vamos a ver, ¿os imagináis a alguien que le guste que le traten mal? Es bastante difícil. Lo que a todos nos gusta es sentirnos especiales, bien tratados, escuchados y por qué no, un poquito mimados. Y para empezar que mejor que una buena sonrisa. Si nuestro cliente se siente muy bien atendido, las posibilidades de venta crecerán, pero lo que sí o sí va a aumentar es la fidelización de ese cliente.

No podemos olvidar en ningún momento que el comercio trata con personas, y la venta no es una simple transacción comercial entre compañías, tiene otras variables muy importantes flotando en el proceso de compra y que nada tienen que ver con la lógica de la necesidad o con el precio. Una venta apoyada en un buen precio y en la necesidad del cliente por el producto puede verse frustrada debido a la gestión emocional del cliente. La relación con el cliente comienza de forma inevitable con la sensación de atención y servicio.

Un trato afable y que haga al cliente sentirse escuchado en el inicio de su exposición favorece la predisposición de este para continuar con la compra. Del mismo modo en el cierre, bien sea con la venta cerrada o no, esa sensación de servicio y atención no debe perderse en ningún momento puesto que será el germen de la fidelización y referenciación.

Por grande que sea la necesidad del producto ofertado, o la aceptación e idoneidad del precio, el cliente toma la decisión de compra amparado en la experiencia emocional. La clave está ahí, en esa sensación de comodidad, de sentirse a gusto y bien tratado. Y este será el primer paso para la venta, en ese momento o en el futuro, pues habremos creado un buen vínculo con el cliente y la posibilidad de regreso habrá aumentado.

Podamos o no cerrar la venta, el cliente debe sentirse escuchado y que lo hemos acercado un paso más hacia la solución que él busca. Satisfacer la necesidad del cliente es indispensable para lograr la venta, pero esto no siempre lo podremos lograr, con lo cual deberemos intentar ayudar a nuestro cliente en la búsqueda de su solución. Ésta podrá estar con nosotros o no, pero si el trato ha sido correcto y el cliente se ha sentido escuchado, las posibilidades de fidelizarlo aumentarán. Y seguramente volveremos a verlo por nuestro negocio.

Una sonrisa es un buen principio, y un mejor final