Seguro que has oído hablar del comercio de proximidad. Es la forma de consumo de toda la vida, la de los comercios de siempre. La que está a tu lado y pone color y vida en tu ciudad.

Aquellas tiendas donde la conversación está al orden del día, dónde todos nos conocíamos y dónde compraban nuestras madres. Las tiendas de ultramarinos, pescaderías, carnicerías, mercerías, fruterías, ferreterías y muchas más por donde pasábamos casi a diario. Esas tiendas eran las que dan vida a nuestros barrios, y además que ponían color a nuestra ciudad, y nos aconsejaban y asesoraban. Era nuestro comercio, el de toda la vida.

Piensa en como transcurría la compra en el comercio de tu barrio, era un sitio donde la charla tenía hueco, donde además encontrábamos productos de aquí, de muy cerca. Eran lugares de encuentro que fomentaban las relaciones sociales.

Pero por qué hablamos en pasado, no eran, siguen siendo. Porque aunque nosotros hayamos sustituido en parte el comercio de proximidad por las enormes superficies comerciales ubicadas en las afueras de la ciudad, donde podemos encontrar de casi todo y donde todo suena a ventaja. Pero donde está todo ese trato cordial, y además realmente no todo son ventajas. Los aparcamientos en ocasiones son auténticos laberintos de desesperación, largas colas en las cajas, atascos a la entrada y a la salida, buscar información se traduce en una sensación de molestia. Vaya, que no todo son ventajas.

El comercio de proximidad nos suministra todo aquello que necesitamos en nuestro día a día, de forma que no nos tengamos que desplazar tanto y no perdamos tiempo, porque en nuestro barrio podemos encontrar prácticamente todo. El comercio de proximidad es salud para el cliente, para la economía local y para nuestra vida.

Consume comercio de proximidad, te va a encantar.